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"La villa de los viaductos" |
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A BATALLA DE RANDE
Entre la tarde del 23 y la noche del 24 de octubre de 1702 se desarrolló en la b
ahía de Vigo uno de los combates marítimos más duros de la historia. En este tiempo la armada anglo-holandesa atacó la la flota franco-española hasta aniquilarla. Doscientos barcos inundaron la ensenada de San Simón, que fue así testigo mudo de una sangría única en la historia de nuestras costas.
Para comprender esta derrota, hay que partir de la base que en esta época, el otrora glorioso y todopoderoso imperio español estaba en decadencia y sus posesiones y monopolios (sobre todo él del comercio con América) eran un botín muy codiciado por aquellas potencias que empezaban a desbancarlo. 
La Flota de Indias llegaba todos los años de América cargada con oro, plata, pieles y otras materias de primera calidad, convirtiéndose así en un objetivo prioritario. Así, durante tres años esta flota no pudo acercarse a nuestras costas, ya que los piratas ingleses unas veces y los frecuentes huracanes de las costas americanas en otras, no se lo permitieron, por lo que cuando pudieron emprender la travesía, sus bodegas estaban llenas a rebosar.
La corona española, que atravesaba graves dificultades financieras debido a la guerra de sucesión esperaba al borde de la desesperación este cargamento, por lo que dio la orden de que emprendiera la travesía escoltado con una flota de barcos de guerra proporcionada por los franceses para evitar la acción de los piratas. 
El destino iniciar eran las costas andaluzas, pero al llegar noticias de que la escuadra anglo-holandesa estaba saqueando esta zona se reunen el general Manuel de Velasco Tejada y el almirante Chateau-Renault, máximos responsables de la flota franco-española para decidir el nuevo destino. Se elige el puerto de Vigo, ya que consideraban que era un lugar idóneo para el refugio de la flota.
Al enterarse de la noticia, el gobernador y capitán general de Galicia, el Duque de Barbanza, que conoce el lamentable estado de las fortificaciones de la ría y la carencia de tropas regulares en la zona, se alarma y busca todos los medios disponibles para oponerse a un posible ataque, ya que temía que la escuadra anglo-holandesa, además de llegar a nuestras costas para aniquilar a la flota, pretendiese después desembarcar en la región.
El 29 de septiembre la flota llega a la boca de la ría. Los ciudadanos de esta pequeña ciudad, con un único castillo, con poca población se agolpan para ver el desfile de barcos, sabiendo que todos los esfuerzos serían inútiles ante el probable ataque enemigo.
Una vez que los barcos y su escolta francesa entraron en la Ensenada de San Simón se procedió a instalar en los fuertes varios de los cañones que transportaban, además, para reforzar la defensa cerraron el canal con una estacada formada por cadenas, leños y gruesos cables.
Sobre el desembarco del tesoro antes del combate hay serias dudas y las opiniones son divergentes, hay quien dice que todo, hay quien dice que nada, otros que parte... los historiadores no se ponen de acuerdo sobre esta cuestión.
A mediados de octubre llega a la población la noticia de que los barcos ingleses, que habían abandonado el bloque de Cádiz, navegaban rumbo a Inglaterra, por lo que se creyó pasado el peligro. Pero el día 21, los barcos de guerra anglo-holandeses entren en la ría. La población intenta reorganizar la defensa que ya habían abandonado y se cierran las puertas de la villa tras aprovisionarse de víveres y agua. La alarma y la confusión crecen ante la vista de la escuadra enemiga, amenazante y poderosa. En total, entre barcos de guerra, hospitales y auxiliares se concentraron en nuestra ría unos 180 barcos.
La superioridad del invasor frente a la flota franco-española era apabullante, como ejemplo, cabe destacar quienes estaban al frente: el almirante holandés Van Der Goes, el almirante inglés George Rook y el Duque de Ormond. Sin embargo, en un primer momento el fuego de los cañones disparados desde los baluartes de Vigo y los navíos franceses apostados tras la cadena de leños que intentaban bloquear el paso pusieron en aprietos a los invasores. Esto ocurre el 22 de octubre. Al caer la noche se convoca un consejo de guerra en el buque almirante de la escuadra anglo-holandesa, donde organizan la batalla del día siguiente. Así a las 10 de la mañana del 23 de octubre comienza la sangrienta y espectacular Batalla de Rande, una batalla tan terrible que faltan palabras para describirla. El desembarco se realizó en una playa situada a dos leguas de Vigo, donde avanzaron hacia Redondela, ciudad que atacaron. Allí encontraron una vigorosa oposición de la población, pero la superioridad era patente y pudo con los defensores locales. Al ver que todo estaba perdido, el almirante de la flota francesa, Chateau-Renault dio la orden de hundir los barcos, para evitar que fueran apresados por los enemigos.
Con la armada gala fuera de combate, los ingleses tenían por fin frente a frente a los galeones de indias y a su codiciada carga. Pero Manuel de Velasco, el general español al mando, tomó ejemplo de su colega francés y decidió asimismo echar a pique sus barcos, al tiempo que ordenaba a sus hombres que se lanzaran al agua. Al final de la batalla, en el fondo de la ría yacían el tesoro de los galeones y montones de cadáveres: dos mil españoles y franceses habían muerto en el curso de esa jornada negra de nuestra historia.